La importancia de la internacionalización en la transformación digital

Según el estudio realizado por el ICEX y el Foro de Marcas Renombradas sin duda una de las nuevas y grandes realidades en la Economía Digital es que las marcas, por definición, son globales. Esta realidad viene impulsada por la digitalización de las comunicaciones y de las transacciones.

El cliente del siglo XXI está acostumbrado a que la distancia física no sea ninguna barrera ni para comunicarse ni para comprar una marca. En muchos casos, todo su proceso de compra (customer journey) es digital, a distancia.

Desde la búsqueda de información, la consideración de compra en la que compara con otras opciones, en la que busca opiniones, pasando por la misma acción de compra, la realización del pago, etc. hasta llegar a la entrega del producto o servicio. Por lo tanto, las marcas tienen que estar en la “arena digital”. Si no están ahí donde está el cliente, bien presentes, optimizadas, de manera que sean fáciles de encontrar, que despierten la atención, el interés, que faciliten y hagan agradable al máximo la experiencia de compra, la forma de pago, su entrega y la postventa simplemente no están compitiendo. No son marcas competitivas. Y será cuestión de tiempo (poco) que dejen de conectar con el cliente y el mercado.

Y cuando hablamos de digital, hablamos de global, de internacional. Internet no sabe de fronteras. Sabe de quién tiene acceso y de quién no lo tiene. De quién tiene conocimiento para conectar con el cliente y de quién no lo tiene.

Por eso la digitalización de las compañías ha sido, es y será una de las grandes palancas de internacionalización. La presencia digital para facilitar el acceso a clientes de otros países a través de internet es una excelente forma de abrir nuevos mercados.

De testarlos antes de hacer incluso inversiones físicas. De aprender de los mercados a través de las métricas, y de tomar principales decisiones sobre cómo abordar la estrategia en ese mercado de la manera más adecuada. Esto tiene un impacto enorme en la compañía. No solo en ventas, sino en la cultura de la empresa, en sus procesos y en su aprendizaje como empresa global. Que luego revierte en hacer mejor las cosas en cada mercado y a través de todos los canales.

El cliente tampoco sabe de fronteras, y por lo tanto con quien te compara es con otras muchas opciones que tiene en el ecosistema digital. Poco o nada le importa de dónde procede el producto o servicio. Lo quiere y lo compra. Eso hace que los estándares y las expectativas a las que el cliente está acostumbrado y con las que nos va a comparar son globales, de empresas que operan a nivel internacional.

Es decir, la internacionalización en un mundo digital no solo es una enorme oportunidad que se hace ahora más accesible gracias a la digitalización, sino que la no internacionalización, simplemente, no es una opción. Porque el cliente es global. Y por último, en un mundo cada vez más global, cada vez con más oferta, donde las opciones, referencias e información se multiplican de manera exponencial cada día, donde ciertamente el cliente, comprador o usuario, cada vez es menos capaz de asimilar, discernir y elegir —ahí justamente— la marca es cada vez más relevante. Invertir en tener una marca sólida incluso apoyándose en marca-país con los atributos y valores que lleva asociado, es una de las mejores estrategias. Las marcas son una referencia para los clientes.

Una guía, un faro que le ahorra gran parte del proceso de compra. El cliente va directamente a esa marca porque la marca lleva implícito unos atributos y valores que le ponen en una actitud proactiva y positiva hacia la compra. Cuanto más “ruido” hay en el mercado (algo inevitable en un mundo internacional y digital), más costoso es destacar en el proceso de compra (solo hay que mirar los crecimientos de coste de muchas keywords en buscadores) y, por lo tanto, más importante tener una marca fuerte y global que sirva de referencia a los clientes.

En conclusión, en el siglo XXI la mejor receta para ser competitivo se llama “triada”: digital, internacional y marca. La suma de las tres variables y sus enormes sinergias que convierten una compañía en una empresa preparada para competir con éxito y para dar respuesta al nuevo cliente.